El avellano común (Corylus avellana) es un arbusto o pequeño árbol que, aunque quizás no posea la imponente estatura de un roble o la llamativa corteza de un abedul, juega un papel fundamental en nuestros ecosistemas y, para el aficionado a la micología, esconde secretos subterráneos de gran valor. Conocido principalmente por sus nutritivos frutos, las avellanas, este árbol es también un importante hospedador de hongos micorrícicos, incluyendo algunos de los más codiciados del mundo. Adentrémonos en el mundo del Corylus avellana y descubramos su estrecha y fascinante relación con el reino fungi.
1. Identificando al Avellano: Características Clave
El Corylus avellana es un árbol caducifolio, fácil de reconocer si prestamos atención a ciertos detalles:
- Porte: Generalmente se presenta como un arbusto grande y ramificado desde la base, formando matas densas, aunque también puede crecer como un pequeño árbol de hasta 6-8 metros de altura, raramente más.
- Corteza: Es lisa, de color marrón grisáceo o pardo claro, a menudo con pequeñas lenticelas (protuberancias como poros) más claras. Con la edad, puede volverse ligeramente fisurada en la base.
- Hojas: Son de forma redondeada u obovada (más anchas en el extremo superior), con el borde doblemente aserrado y la punta acuminada (terminada en punta). Su tacto es algo áspero y pubescente (con pelos finos), especialmente en el envés. Miden entre 6 y 12 cm de largo.
- Flores: Esta especie es monoica (flores masculinas y femeninas en el mismo pie, pero separadas).
- Las flores masculinas son muy visibles: amentos largos (5-12 cm), colgantes y de color amarillo pálido, que aparecen muy temprano, antes que las hojas, a finales del invierno o principios de la primavera. Liberan grandes cantidades de polen.
- Las flores femeninas son mucho más discretas: pequeñas y parecidas a yemas, de las que emergen unos estigmas de color rojo vivo.
- Fruto: La conocida avellana, un aquenio de cáscara leñosa, que se presenta sola o en grupos de hasta cuatro. Cada fruto está envuelto parcialmente por un involucro foliáceo verde (la "cúpula" o "bráctea"), que se desgarra de forma irregular.

2. ¿Dónde Prosperan los Avellanos? Su Hábitat Natural
El Corylus avellana es una especie nativa de Europa y Asia occidental, muy adaptable a diferentes condiciones:
- Suelo: Prefiere suelos frescos, fértiles, bien drenados y con un pH neutro o ligeramente ácido o básico. Tolera bien los suelos calizos. No le gustan los suelos encharcados ni los excesivamente compactados.
- Luz: Crece bien a pleno sol o en semisombra. A menudo se encuentra en el sotobosque de bosques más altos (robledales, hayedos), así como en lindes forestales, setos vivos, y laderas.
- Clima: Es típico de climas templados, resistiendo bien las heladas invernales.
- Altitud: Se puede encontrar desde el nivel del mar hasta unos 1500-1700 metros de altitud.
Es frecuente verlo formando parte de la vegetación de ribera o en antiguas zonas de cultivo abandonadas, donde actúa como especie pionera o facilitadora para otros árboles.
3. El Avellano y la Micología: Una Conexión de Lujo
La relación de esta especie arbórea con el mundo de los hongos es profunda y, para el micólogo, especialmente interesante debido a su asociación con uno de los tesoros gastronómicos más apreciados: las trufas.
El Corylus avellana es un árbol fuertemente ectomicorrícico. Sus raíces establecen simbiosis con una gran variedad de hongos, que le ayudan a captar nutrientes y agua, recibiendo a cambio carbohidratos.
Las Trufas: El Tesoro Escondido de los Avellanos
Estos árboles son uno de los hospedadores preferidos para varias especies de trufas (género Tuber), hongos ascomicetos hipogeos (que fructifican bajo tierra). Esta asociación es tan importante que el avellano es una de las especies más utilizadas en plantaciones truferas (trufficultura).
- Trufa Negra de Invierno (Tuber melanosporum): Considerada la reina de las trufas por su intenso aroma y valor gastronómico. El Corylus avellana es un excelente simbionte para esta especie en suelos calcáreos y bien drenados. La presencia de "quemados" (zonas sin vegetación herbácea alrededor del árbol) puede ser un indicio de su presencia.
- Trufa de Verano (Tuber aestivum syn. Tuber uncinatum): Menos aromática que la negra pero también muy apreciada, es más adaptable y puede encontrarse asociada al avellano en una mayor variedad de condiciones.
- Otras Trufas: Especies como Tuber brumale o Tuber borchii también pueden micorrizar con estos árboles.
La búsqueda de trufas con perros adiestrados en avellanares naturales o plantados es una actividad tradicional y económicamente importante en muchas regiones.

Otros Hongos Asociados al Avellano:
Además de las trufas, otros hongos ectomicorrícicos forman simbiosis con el Corylus avellana, algunos de ellos comestibles o simplemente interesantes de observar:
Lactario Picante del Avellano (Lactarius pyrogalus)
Un Lactarius muy característico, de sombrero grisáceo o pardo-grisáceo y látex blanco extremadamente picante (de ahí su nombre, "pyrogalus" significa "leche de fuego"). Es específico del avellano y no se considera comestible debido a su acritud.
Boletos (Leccinum spp.)
Aunque algunas especies de Leccinum están más ligadas al abedul o al carpe, el Leccinum pseudoscabrum (antes L. carpini), conocido como boleto del carpe, también puede encontrarse bajo avellanos, especialmente si hay carpes cerca. Su carne ennegrece al corte.
Rúculas (Russula spp.)
Varias especies de rúculas pueden micorrizar con estos árboles, aunque no suelen ser tan específicas como el Lactarius pyrogalus.
Cortinarios (Cortinarius spp.) y Hebelomas (Hebeloma spp.)
Estos extensos géneros contienen numerosas especies ectomicorrícicas que pueden asociarse con el Corylus avellana, aunque su identificación a nivel de especie suele ser compleja.
Hongos Saprófitos sobre Madera de Avellano:
- Hypoxylon fuscum (Negrilla del Avellano): Forma pequeñas costras o almohadillas duras de color pardo oscuro a negruzco sobre la madera.
- Vuilleminia comedens: Un hongo resupinado (que crece aplanado sobre el sustrato) que forma una fina capa cerosa, a menudo rosada o anaranjada, sobre ramas muertas aún adheridas al árbol.
4. Más Allá de los Hongos: Usos Tradicionales y Curiosidades del Avellano
El Corylus avellana ha sido un recurso valioso para el ser humano desde tiempos prehistóricos:
- Avellanas: Su fruto es altamente nutritivo, rico en grasas saludables, proteínas, vitaminas y minerales. Se consumen crudas, tostadas o como ingrediente en multitud de dulces y platos.
- Madera: Su madera es flexible, resistente y fácil de trabajar. Tradicionalmente se ha usado para fabricar varas, bastones, mangos de herramientas, cestería, tutores para plantas y en la técnica del carboneo. Las varas de esta especie también tienen un lugar en el folclore como varitas de zahorí para encontrar agua.
- Setos y Linderos: Por su capacidad de rebrote y densidad, es ideal para formar setos vivos que sirven de refugio a la fauna.
- Coppicing (Monte Bajo): El avellano responde muy bien al recepe (corte a ras de suelo), rebrotando vigorosamente. Esta práctica tradicional de gestión forestal (coppicing) proporciona madera de forma sostenible.
- Importancia Ecológica: Sus frutos alimentan a ardillas, lirones, pájaros como el arrendajo, y otros animales. Sus hojas son consumidas por larvas de diversas mariposas.
5. Conservación y Valor de los Avellanares
Los avellanares, ya sean naturales o cultivados, son ecosistemas importantes. Mantener estos hábitats, gestionar de forma sostenible las plantaciones truferas y proteger los ejemplares silvestres es crucial para la conservación de la biodiversidad fúngica asociada, así como para la fauna que depende de ellos.
El conocimiento de las especies arbóreas y sus hongos asociados es una parte esencial de la formación de cualquier micólogo. El Corylus avellana, con su discreta presencia y sus tesoros subterráneos, es un claro ejemplo de las intrincadas conexiones que sustentan la vida en nuestros bosques.
El humilde avellano nos demuestra que no hace falta ser el árbol más grande del bosque para albergar una riqueza micológica excepcional. Desde las codiciadas trufas hasta los modestos pero específicos lactarios, esta especie es un compañero indispensable en nuestras exploraciones micológicas. La próxima vez que te encuentres bajo sus ramas, recuerda la vida oculta que bulle bajo tus pies. ¡Aprender a reconocer los árboles es el primer paso para encontrar sus setas!