Los microorganismos patógenos, tales como virus y bacterias, son comúnmente el objeto de atención al abordar enfermedades infecciosas, ya sean de carácter comunicable o no comunicable. No obstante, en un panorama global caracterizado por pandemias virales y la propagación de superbacterias, los hongos están emergiendo como un área de investigación prioritaria entre algunos especialistas.
Se ha identificado una tendencia inquietante: a principios de la década de 2010, se estimaba que las defunciones anuales atribuibles a infecciones fúngicas se situaban alrededor de los dos millones, pero en la actualidad esta cifra podría haber experimentado un aumento significativo, alcanzando aproximadamente los 3.8 millones.
Las infecciones fúngicas, denominadas también micosis, constituyen uno de los factores subyacentes en algunas de las patologías más letales, tales como neumonía, tuberculosis y enfermedad pulmonar obstructiva crónica.
La reciente evaluación del impacto de estas infecciones indica que, por ejemplo, de las 1.2 millones de muertes anuales provocadas por tuberculosis, aproximadamente 340,000 podrían tener origen en infecciones fúngicas. Con frecuencia, los agentes infecciosos responsables de estas enfermedades pasan desapercibidos, lo que conlleva a depender de estimaciones para comprender la magnitud del problema.
David W. Denning, experto en micosis de la Universidad de Manchester, llevó a cabo estimaciones basadas en la extrapolación de datos provenientes de 85 artículos especializados, abarcando más de 100 países. Estas estimaciones sugieren un incremento significativo en las defunciones asociadas con infecciones fúngicas.
Entre las infecciones fúngicas destacadas, Denning hace referencia a aquellas causadas por Aspergillus fumigatus y Aspergillus flavus, identificadas como "los hongos letales más destacados". Estas especies suelen afectar los pulmones, generando complicaciones en pacientes con asma, tuberculosis o cáncer pulmonar.
Denning también subraya la interacción de las micosis con enfermedades e infecciones, como el VIH/SIDA, señalando que aproximadamente la mitad de las defunciones en personas con el síndrome de inmunodeficiencia mediada por el VIH pueden ser atribuibles a infecciones fúngicas.
Un caso particular pero significativo es el aumento de casos de mucormicosis en India durante la pandemia de COVID-19. Mientras que en 2012 se reportaron alrededor de 10,000 casos a nivel mundial, solo en India se registraron 50,000 casos durante la pandemia.
Se enfatiza la importancia del diagnóstico temprano como factor clave para prevenir estas defunciones. Sin embargo, muchos países carecen de los recursos necesarios para diagnosticar estas infecciones, y en algunos casos, la ineficacia de las pruebas disponibles para los médicos contribuye a la problemática.
Denning destaca un problema adicional en aumento: la creciente resistencia a los tratamientos antifúngicos. Aunque la atención de los expertos suele dirigirse a las superbacterias resistentes a los antibióticos, algunos hongos podrían haber evolucionado de manera similar, aproximándose cada vez más a la inmunidad contra los tratamientos.
A pesar del aumento sustancial en las defunciones por infecciones fúngicas, es fundamental tener presente que este incremento no necesariamente refleja un aumento proporcional en los casos, ya que factores como el crecimiento de la población mundial, que ha superado el 10% en los últimos 11 años según diversas estimaciones, también pueden desempeñar un papel determinante.
El aumento en las defunciones podría deberse, en parte, a mejoras en la metodología de estimación y posiblemente a avances en la capacidad para detectar estas infecciones. Estas mejoras en la detección podrían traducirse en diagnósticos más precisos y, por ende, en una disminución de la mortalidad en el futuro.