Los hongos habitan prácticamente todos los ecosistemas terrestres. La vegetación, el tipo de suelo, la humedad, la temperatura y la cantidad de materia orgánica condicionan qué especies pueden desarrollarse en cada lugar y cuándo aparecen sus cuerpos fructíferos.
Bosques, praderas, riberas y terrenos abiertos albergan comunidades micológicas diferentes. En estos ambientes, los hongos reciclan nutrientes, forman asociaciones con las plantas o participan en la descomposición de la madera y otros restos orgánicos, desempeñando funciones esenciales para el equilibrio natural.