La conservación permite disfrutar de determinadas setas fuera de su temporada natural. Entre los métodos más habituales se encuentran la desecación, la congelación y las preparaciones en aceite o vinagre, además de productos como el polvo de setas.
El procedimiento adecuado depende de la especie y del uso culinario previsto. Deben emplearse únicamente setas comestibles correctamente identificadas, frescas y limpias, manteniendo una higiene rigurosa y siguiendo métodos seguros de elaboración y almacenamiento.