Los hongos producen numerosas sustancias con actividad biológica que han despertado un gran interés farmacológico. A partir de ellos se han estudiado compuestos con propiedades antibióticas, inmunomoduladoras, antiinflamatorias o antitumorales, entre otras posibles aplicaciones.
Sin embargo, una sustancia prometedora debe aislarse, caracterizarse y someterse a estudios de eficacia, dosificación y seguridad antes de convertirse en un tratamiento. Que un hongo sea objeto de investigación no significa que su consumo directo tenga efectos medicinales ni que esté libre de riesgos.