Algunas setas contienen pigmentos naturales capaces de teñir lana, seda y otras fibras. Según la especie y la parte utilizada, pueden obtenerse amarillos, ocres, naranjas, rojizos, marrones, verdes, violetas e incluso tonos azulados.
El color final depende de la cantidad y madurez de las setas, la temperatura, el tiempo de extracción, la acidez del agua, el tipo de fibra y los mordientes empleados para fijar el pigmento. Esta práctica artesanal une micología, química y tradición, y debe realizarse mediante una recolección responsable.