¿Los "hongos" del kefir son realmente hongos? Qué son y cómo funcionan

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Muchas personas llegan al kefir por recomendación de un familiar, una amistad o un vecino. Y la escena suele repetirse: alguien entrega unos gránulos blancos o amarillentos, explica por encima cómo ponerlos en leche o en agua y dice algo como "toma, te doy unos hongos para hacer kefir". La expresión es tan común que parece indiscutible. Sin embargo, cuando uno mira con calma qué son esos llamados hongos del kefir, descubre que el nombre popular simplifica bastante la realidad.

La respuesta breve es esta: los llamados hongos del kefir no son una seta, no son un moho visible como el del pan y tampoco son un único hongo aislado. En realidad, son una comunidad viva formada por levaduras y bacterias que conviven en una estructura gelatinosa o granulada. Es decir, sí hay organismos fúngicos implicados, pero el conjunto no puede entenderse como si fuera un solo hongo. Por eso conviene aclarar el término, sobre todo para quien se inicia y mezcla la idea de kefir con la de setas o con otros tipos de hongos más conocidos.

En AMIVALL nos interesa mucho hacer estas diferencias con lenguaje claro, porque el vocabulario popular a veces ayuda a recordar algo, pero también puede crear confusión. De hecho, si quieres situar mejor qué entendemos por hongo en sentido amplio, puede venirte bien consultar nuestro glosario micológico. Y si alguna vez te has preguntado por qué los hongos del kefir no se parecen en nada a una seta de campo, también te servirá leer esta guía sobre cómo identificar setas y hongos.

Qué te han dado realmente cuando te dan "hongos del kefir"

Cuando te dan hongos del kefir, lo que recibes son gránulos de kefir. A simple vista suelen parecer pequeños nódulos irregulares, blandos, algo elásticos y con aspecto de coliflor en miniatura. No son una seta completa ni una estructura similar a las que brotan del suelo o de la madera. Tampoco son una masa homogénea.

Esos gránulos funcionan como una especie de hogar compartido. Dentro y sobre esa matriz viven distintos microorganismos que cooperan entre sí. Las levaduras y las bacterias se alimentan de los azúcares del medio en el que se cultivan y, al hacerlo, transforman la leche o el agua azucarada en una bebida fermentada. Esa transformación cambia el sabor, la textura y parte de las propiedades del líquido inicial.

Por eso, cuando alguien habla de hongos del kefir, en realidad está nombrando un cultivo simbiótico. La palabra simbiótico significa que varias formas de vida conviven y se benefician mutuamente. Unas generan compuestos que otras aprovechan, y ese equilibrio permite que el cultivo siga activo, crezca y pueda compartirse de una persona a otra.

Desde un punto de vista práctico, lo importante es entender que no estás manipulando un ingrediente inerte, sino una comunidad viva. Eso explica por qué los gránulos cambian con el tiempo, pueden multiplicarse, necesitan ciertos cuidados y reaccionan si el ambiente no les favorece.

Por qué sí hay hongos en el kefir, pero no como mucha gente imagina

Aquí está el matiz clave. Sí, en el kefir hay hongos si usamos la palabra hongo en sentido biológico amplio, porque las levaduras forman parte del reino Fungi. Pero eso no significa que los gránulos sean un hongo único ni que debamos imaginarlos como una seta.

En el lenguaje cotidiano, muchas personas asocian la palabra hongo a una seta visible, con sombrero y pie, o a una mancha de moho sobre un alimento. Esa imagen mental no encaja con el kefir. Los gránulos no son un cuerpo fructífero como el de una seta ni una colonia superficial igual a la que aparece cuando un alimento se estropea. Son una estructura compleja creada y mantenida por microorganismos diferentes que viven juntos.

Decir que los gránulos de kefir son hongos, sin más explicación, puede llevar a errores. Algunas personas creen que se trata de una especie concreta, como si todo el cultivo procediera de un único organismo. Otras piensan que el kefir se parece al yogur, pero hecho solo con levaduras. Ninguna de esas ideas describe bien lo que ocurre.

Lo más correcto, explicado de forma sencilla, es decir que los llamados hongos del kefir son gránulos de fermentación compuestos por bacterias y levaduras. Así se evita la falsa idea de que estamos ante una seta doméstica o ante un único hongo misterioso que crece en la cocina.

Qué papel tienen las levaduras y qué papel tienen las bacterias

Para entender cómo funciona el kefir, conviene separar las funciones de sus habitantes principales. Las levaduras son microorganismos fúngicos. Su papel más conocido es fermentar azúcares y producir compuestos que influyen en el aroma, el gas y parte del sabor de la bebida. Por eso algunos kefires presentan un punto ligeramente efervescente o notas más complejas que recuerdan a una fermentación activa.

Las bacterias, por su parte, también transforman los azúcares y generan ácidos que modifican el medio. En el kefir de leche, por ejemplo, ayudan a acidificar el líquido y a darle ese sabor entre fresco, agrio y cremoso que lo distingue. Además, contribuyen a que el ecosistema interno de los gránulos se mantenga estable.

Lo interesante es que no trabajan por separado como si cada grupo fuera por libre. En el kefir existe colaboración. Las levaduras pueden producir sustancias que favorecen a determinadas bacterias, y las bacterias pueden crear condiciones adecuadas para que las levaduras sigan activas. Esa red de relaciones es precisamente lo que hace especial al kefir y lo diferencia de fermentaciones más simples.

Por eso tampoco es correcto decir que el kefir tiene solo bacterias o solo levaduras. Tiene ambas. Y su equilibrio puede variar según el tipo de gránulo, el sustrato utilizado, la temperatura, el tiempo de fermentación y el manejo. El resultado final nunca depende de un único protagonista, sino del conjunto.

Visto así, los llamados hongos del kefir se entienden mejor como una pequeña comunidad organizada. No hace falta entrar en tecnicismos para comprenderlo: unos microorganismos transforman el alimento, otros colaboran en esa transformación y los gránulos son el soporte en el que esa vida compartida se mantiene y se reproduce.

Por qué se les sigue llamando "hongos" en el lenguaje cotidiano

Si el término no es del todo preciso, ¿por qué sigue usándose tanto? La razón principal es cultural. Durante años, en muchas casas, foros, grupos de intercambio y conversaciones de cocina se ha hablado de hongos del kefir por costumbre. Es una etiqueta rápida, fácil de recordar y transmitida oralmente. Cuando una expresión se instala en el uso diario, no desaparece aunque sea imperfecta.

También influye el aspecto de los gránulos. Al tratarse de una masa viva que crece, se multiplica y fermenta, mucha gente la relaciona de forma intuitiva con el mundo de los hongos. Esa asociación popular no surge de la nada, pero mezcla conceptos distintos. El problema aparece cuando el nombre cotidiano se toma como una descripción científica exacta.

En la práctica, seguir oyendo la expresión no es grave siempre que se entienda qué significa de verdad. Si alguien dice "me han dado hongos del kefir", lo más útil no es corregir con rigidez, sino aclarar: son gránulos de kefir, una comunidad de bacterias y levaduras. Así se conserva la cercanía del lenguaje común sin perder precisión.

Los hongos del kefir no son hongos en el sentido en que solemos imaginar una seta o un moho aislado. Pero sí incluyen levaduras, que son hongos microscópicos. La clave está en no quedarse solo con la palabra, sino en comprender el funcionamiento del conjunto. Cuando entiendes eso, el kefir deja de parecer algo extraño y se vuelve mucho más fácil de explicar, cuidar y usar con sentido.

Si te interesan estas diferencias terminológicas, puedes ampliar conceptos en nuestro glosario micológico. Y si quieres separar mejor la idea de gránulo fermentativo de la de seta u hongo visible, te ayudará esta guía para identificar setas y hongos.

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