Principales usos y aplicaciones de los hongos

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Antes de entrar en los diferentes usos de los hongos, conviene recordar, de forma breve, qué es un hongo, cómo se clasifica y cuál es su forma de vida. Y sí: la ciencia que los estudia es la Micología.

¿Qué es un Hongo?

Los hongos forman un grupo extraordinario de organismos, esencial para el reciclaje de la materia orgánica en el planeta. Cuando pensamos en un hongo, lo primero que suele venir a la mente es una seta. Sin embargo, las setas son solo el órgano reproductor de un grupo reducido de hongos: los llamados macromicetes.

El “cuerpo” principal del hongo está formado por estructuras microscópicas en forma de tubos, las hifas. Estas hifas se agrupan y crean una red llamada micelio, que crece y se desarrolla, por lo general, de forma subterránea dentro del sustrato donde vive.

Cuando las condiciones son favorables, el micelio produce los llamados cuerpos fructíferos (carpóforos o setas). Son esas estructuras con formas y caracteres organolépticos definidos que nos permiten identificar al hongo en el campo. En realidad, los hongos influyen en casi todos los procesos ecológicos: son discretos, pero imprescindibles.

Probablemente, el primer uso directo que les dimos fue el de alimento. Se ha debatido mucho sobre su valor nutritivo, pero, en general, puede decirse que muchas especies comestibles son de alta calidad: aportan una buena proporción de proteínas y vitaminas, y contienen pocos carbohidratos y lípidos.

  • Proteínas: suelen aportar más proteínas que la mayoría de los vegetales, con un buen equilibrio de aminoácidos. Por eso son una alternativa interesante en dietas vegetarianas.
  • Vitaminas y minerales: contienen nutrientes básicos importantes en la alimentación diaria.
  • Bajos en calorías: su escaso contenido en hidratos de carbono y grasas los hace útiles para controlar el peso.
  • Ricos en antioxidantes: y en otras sustancias que pueden estimular el sistema inmunológico, ayudar a reducir el colesterol y contribuir a regular la tensión arterial.
  • Bajos en sodio.

Entre los más consumidos encontramos: Boletus edulis, Lactarius deliciosus, Russula delica y Amanita caesarea.

Otros hongos muy presentes en la cocina son Agaricus campestris y A. bisporus, conocidos como champiñones. Su importancia se debe, en gran parte, a que están entre las pocas especies que se pueden cultivar de forma artificial e industrial.

Por su parte, los hongos microscópicos también han sido aprovechados, directa o indirectamente, para crear nuevas fuentes alimenticias. En este campo, se han realizado trabajos de obtención de biomasa a partir de levaduras como Candida utilis, utilizada para enriquecer alimentos y mejorar su valor nutricional.

Clasificación de los Hongos

Existen muchas maneras de clasificar los hongos y no siempre son sencillas: algunas clasificaciones son complejas, heterogéneas y se basan en criterios distintos. Aun así, la que te mostramos a continuación es una de las más utilizadas como referencia general en la actualidad.

Phylum Ascomycota: PEZIZOMYCETES

PEZIZOMYCETES

Es el grupo con mayor número de especies del reino Fungi. Aquí encontramos desde levaduras y mildiús pulverulentos, hasta mohos negro-verdosos comunes, además de colmenillas y trufas.

Algunos miembros de este grupo provocan enfermedades importantes en plantas; otros producen toxinas. Pero también hay especies clave en la producción de antibióticos, lo que demuestra que su impacto va mucho más allá de lo que vemos a simple vista.

En los pezizomycetes, las hifas están divididas por tabiques. Cada compartimento suele contener un núcleo, aunque los tabiques presentan poros que permiten el movimiento de citoplasma y núcleos. Su ciclo de vida incluye, por lo general, reproducción asexual y sexual.

Las esporas asexuales se forman aisladas o en cadenas, en el extremo de hifas especializadas. Son pequeñas, numerosas y se denominan conidios (del griego konis: “polvo”).

La reproducción sexual en los pezizomycetes implica siempre la formación de un asco (un “pequeño saco”), estructura característica de este phylum.

En la mayoría de los ascomicetes, los ascos se desarrollan dentro de estructuras complejas llamadas ascocarpos. Cuando maduran, las ascas se vuelven turgentes y finalmente estallan, liberando sus ascósporas de manera explosiva al aire.

Phylum Basidiomycota: AGARICOMYCETES

AGARICOMYCETES

Los agaricomycetes son el grupo más familiar para la mayoría, porque incluyen las setas “de sombrero”. La seta (basidiocarpo) es el cuerpo fructífero donde se producen las esporas, y está formada por masas de hifas fuertemente compactadas.

El micelio, del que nacen las setas, puede extenderse de forma radial durante metros. Las fructificaciones suelen aparecer en los bordes externos, donde el micelio crece con mayor actividad debido a la mayor disponibilidad de nutrientes.

Por eso, muchas veces las setas aparecen formando círculos. Y cuando dentro de ese círculo crecen hierbas, pueden presentar un color distinto o un desarrollo menor por la actividad del micelio. Estos anillos, que a veces surgen de la noche a la mañana, se conocen como corros de brujas.

A medida que el cuerpo fructífero se forma por encima del suelo, el protoplasma penetra en las nuevas hifas. En este proceso se requiere mucha agua, y por eso es habitual que las setas “aparezcan” tras lluvias abundantes.

Sus esporas se producen en el exterior de ciertas células, y el himenio suele estar en la parte inferior, formando láminas, tubos o aguijones. En este grupo están muchas de las especies más interesantes para el aficionado.

Como en el caso de los Ascomycetos, los hongos se agrupan en clases, familias y géneros. Entre los más conocidos encontramos: Agaricus, Amanitas, Coprinus, Lepiotas, Hygrophorus, Lactarius, Russulas, Tricholomas, Mycenas y muchos más.

¿Dónde viven los hongos?

Según su forma de vida, los hongos pueden comportarse como parásitos, saprófitos o simbiontes mutualistas.

biotrofos

Los hongos parásitos viven a expensas de sus huéspedes (biótrofos), debilitándolos y, en algunos casos, llegando a matarlos (necótrofos). Esto puede provocar incluso la desaparición del hongo si agota su recurso. Aun así, hay situaciones en las que el hongo cambia su estrategia y pasa a un modo de vida saprófito.

Los hongos saprófitos se alimentan de materia orgánica muerta o de desecho, tanto vegetal como animal, e incluso de otros hongos. Son, por así decirlo, los recicladores de la “basura” del bosque. Junto con insectos y bacterias, contribuyen a la formación de la riqueza húmica del suelo.

biotrofos
biotrofos

Por último, algunos hongos simbiontes mutualistas forman líquenes, y otros se asocian al sistema radicular de una planta huésped, formando micorrizas.

Muchas de las setas más conocidas forman ectomicorrizas. Estas asociaciones hacen que las raíces aumenten su área de influencia hasta diez veces, multiplicando la absorción de agua y sales minerales, especialmente polifosfatos. La planta crece mejor y más rápido, y el hongo recibe hidratos de carbono producidos por la fotosíntesis, que él no puede fabricar por sí mismo.

Usos de los Hongos

Desde que existimos como especie consciente de sí misma, hemos usado los hongos para los propósitos más variados. Y, por otro lado, muchos de ellos también se han valido de nosotros para sobrevivir y expandirse. Mucho antes de que la Micología se estableciera como ciencia, las sociedades humanas ya interactuaban con los hongos.

La Etnomicología estudia precisamente esos usos tradicionales en distintas culturas, un conocimiento que merece ser preservado antes de que se pierda.

Los hongos nos han fascinado siempre. Están por todas partes y, a menudo, los hemos usado sin darnos cuenta. Un ejemplo claro es la fermentación. Pueblos antiguos como los egipcios emplearon levaduras para obtener cerveza, vino y pan, y llegaron a considerarlo un don de Osiris.

Los romanos celebraban las Bacanales en honor a Baco, dios del vino. Y, más allá de la euforia, el consumo de bebidas fermentadas tuvo una función práctica: el agua corriente, sin medidas higiénicas, podía provocar desde diarreas hasta enfermedades graves. En cambio, vino y cerveza eran más seguros, y el alcohol actuaba como germicida. Eso sí, aquellas bebidas no eran tan potentes como muchos licores actuales, que llegaron con el desarrollo de la destilación.

Al igual que el alcohol, algunos hongos han jugado un papel importante en ciertas religiones, porque se han utilizado para inducir estados alterados de consciencia. Los chamanes siberianos empleaban Amanita muscaria. También Psilocybe cubensis, un hongo alucinógeno, se ha usado en ceremonias religiosas en América. Incluso se han tallado figuras sagradas con carpóforos de Fomitopsis officinalis, un yesquero. Durante siglos, no faltaron creencias que atribuían a los dioses la aparición de setas y trufas, por ejemplo tras el rayo de Júpiter.

Los hongos yesqueros se han usado para encender fuego. En particular, los carpóforos secos de Fomes fomentarius se molían y el polvo resultante se conocía como yesca, muy inflamable. Su uso es antiquísimo: se han encontrado restos de yesqueros en la momia del Hombre de los Hielos hallada en el Tirol.

Y no son los únicos sorprendentes: existen hongos luminiscentes (foxfire), que llegaron a usarse incluso por soldados en incursiones nocturnas. No solo brillan algunas setas: también puede brillar la madera atacada por el micelio. A veces no somos conscientes de hasta qué punto los hongos están presentes en nuestras vidas.

De hecho, muchos de nosotros estamos vivos gracias a ellos. No hace tantas décadas, la mortalidad infantil era altísima y una simple septicemia podía ser mortal. Desde el descubrimiento de la penicilina, los antibióticos han salvado incontables vidas. Otro fármaco de origen fúngico destacado es la ciclosporina, y hay hongos que producen taxol, un potente anticancerígeno.

Los hongos también asombran por el tamaño de algunos micelios. Se conocen clones de Armillaria en Norteamérica que alcanzan cientos de hectáreas, con un peso enorme y una longevidad probable de miles de años.

Su importancia en la biosfera, sin embargo, se explica sobre todo por su papel como descomponedores. Reciclan materia orgánica con gran eficacia, regulan la liberación de nutrientes y son esenciales para la supervivencia de plantas y animales. El problema es que también descomponen madera de construcciones, postes o embarcaciones, especialmente con humedad. Un ejemplo clásico es la podredumbre seca de Serpula lacrimans.

Algunos hongos pueden degradar desde alimentos hasta materiales poco habituales (papel, emulsiones fotográficas, pintura e incluso ciertos plásticos), y eso nos obliga a combatirlos con productos químicos, refrigeración o conservas, con el consiguiente coste. Además, ciertos descomponedores producen micotoxinas que contaminan alimentos. Las aflatoxinas, por ejemplo, son cancerígenas y han llegado a considerarse incluso como arma de guerra biológica.

La peligrosidad de las toxinas fúngicas no es algo moderno. Es muy conocido el envenenamiento por cornezuelo del centeno. Y, paradójicamente, de ese mismo hongo se obtienen sustancias de enorme interés en medicina: ergotamina y derivados para migrañas e hipotensión, bromocriptina para inhibir la lactancia cuando es necesario, compuestos usados en Parkinson, y metilergometrina para reducir hemorragias uterinas tras el parto o un raspado.

Uno se pregunta cuántos antibióticos y productos útiles quedan por descubrir, y cuántos se pierden mientras una especie tras otra se extingue. Dicho sea de paso, no han faltado usos en medicina popular.

Un ejemplo son los cuescos de lobo y hongos afines, empleados como antihemorrágicos. Y, por supuesto, las setas comestibles se conocen desde tiempo inmemorial. En China se cultivan desde el año 600 a. C., mientras que en Europa la práctica se consolidó hacia 1650. Hoy se cultivan numerosas especies sobre estiércol, paja, desechos de arroz y otros sustratos baratos.

Algunas especies se han considerado afrodisíacas (como las trufas). Y también existen setas venenosas capaces de ser mortales. En zonas como Cataluña hay una fuerte tradición de salir a buscar setas en otoño, y muchas sociedades micológicas trabajan para que este pasatiempo se realice de forma instructiva y sin dañar el entorno.

Por desgracia, también abundan los desaprensivos que expolian los bosques en busca de setas, ya sea para consumo propio o con fines comerciales.

En alimentación, varias especies de Penicillium dan sabor a quesos como Roquefort o Cabrales. También intervienen en fermentados de soja o arroz. Su gusto puede resultar peculiar, pero lo cierto es que la digestibilidad de muchos productos fermentados aumenta.

Las levaduras, además de fermentar, pueden producir grandes cantidades de proteína. Eso sí, su consumo humano no siempre es simple: pueden tener exceso de ácidos nucleicos y carecer de ciertos aminoácidos esenciales. Otros hongos producen ergosterol, cortisona, enzimas, ácidos o giberelinas, entre muchas sustancias de interés.

Incluso el moho gris, destructor de cosechas, se aprovecha en algunos viñedos para la llamada podredumbre noble. La provoca Botrytis cinerea, que afecta a uvas de vinificación. La infección requiere humedad y, si el tiempo se mantiene mojado, puede arruinar cosechas. Pero cuando se vendimian uvas afectadas en el punto adecuado, se obtiene un vino dulce, fino y concentrado. Algunos de los mejores vinos botritizados se recogen uva a uva. El caso más famoso es el de Burdeos. En España, también se han producido en añadas favorables, por ejemplo en Valdeorras o en ciertos albariños de Rías Baixas, así como en ribeiros.

La diversidad de bebidas alcohólicas elaboradas gracias a los hongos es, sencillamente, admirable.

En el mundo vegetal, los hongos son parásitos por excelencia, como bien saben los fitopatólogos. Aun así, algunos podrían convertirse en valiosos micoherbicidas contra malas hierbas, ya sea aplicando el organismo o sustancias fitotóxicas producidas por él.

Hay hongos que viven en simbiosis con otros organismos. Las asociaciones más conocidas son las micorrizas con raíces y los populares líquenes, pero no son las únicas. Por ejemplo, ciertos hongos endófitos parasitan plantas y, a la vez, las protegen del ataque de animales, volviéndolas venenosas.

Las relaciones de los hongos con artrópodos y otros pequeños animales son fascinantes. Van desde el parasitismo y la depredación mutua, hasta simbiosis muy complejas: hormigas jardineras, hongos que viven en insectos y detoxifican su alimento, y estrategias de dispersión compartida extraordinariamente elaboradas. Incluso hay moscas resistentes a las amanitinas, toxinas que matan nematodos parásitos de esas mismas moscas.

El uso de hongos parásitos o depredadores para controlar enfermedades vegetales es un campo en desarrollo constante.

Los hongos también provocan micosis en humanos. Son especialmente frecuentes en regiones tropicales, pero se extienden poco a poco a otros ámbitos. Sus efectos van desde el clásico pie de atleta o la candidiasis, hasta infecciones graves en personas inmunodeprimidas. Además, las esporas de varios hongos (por ejemplo, Alternaria) pueden causar alergias.

Por último, algunos hongos se usan como organismos de laboratorio para estudiar procesos biológicos fundamentales: Saccharomyces, Neurospora, Coprinus, Schizophyllum, Phycomyces, Aspergillus, Ustilago, entre otros. Incluso venenos como las amanitinas se han convertido en herramientas de investigación.

FUNGICULTURA

La fungicultura (también llamada micocultura o cultivo de hongos) es el arte y la disciplina de cultivar setas y otros hongos en un medio controlado. Se diferencia de la recolección y permite producir alimentos, medicinas como la penicilina y otros compuestos de interés. Además, los hongos pueden utilizarse en procesos como la deslignificación de la madera.

La palabra fungicultura también se usa para describir la práctica de cultivo realizada por algunos animales, como hormigas cortadoras, termitas, ciertos coleópteros de la ambrosía y caracoles de marismas. En el cultivo humano, además de ajustar bien las condiciones ambientales, es fundamental preparar un sustrato adecuado y mantener una higiene estricta. Una buena esterilización evita que otros hongos o microbios compitan con el hongo que queremos cultivar.

Sustrato

El sustrato puede variar mucho: estiércoles, paja, restos de madera (serrín, astillas, etc.). Una vez agotado, puede reutilizarse como compost o mejorante del suelo, e incluso como alimento para rumiantes y lombrices en determinados casos.

Muchos hongos son capaces de digerir lignina (algo que pocos seres vivos pueden hacer) y transformar nitrógeno no proteico en proteínas. Así, aunque el sustrato pueda perder parte de su valor energético, la calidad como recurso puede mejorar tanto en el propio sustrato como en el fruto obtenido.

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