Mycena acicula: micena aguja u orange bonnet
Datos clave
- Comestibilidad No comestible
- Toxicidad Nula o baja
- Temporada Primavera y otoño (tras lluvias); a veces inicios de verano.
- Hábitat Bosques húmedos; sobre ramitas y detritos leñosos finos en el suelo, a menudo junto a...
Descripción
Características principales
Mycena acicula es una micena diminuta y muy vistosa por sus tonos rojo-anaranjados, con sombrero de pocos milímetros y pie filiforme amarillento. Es saprófita: descompone restos vegetales finos, por lo que cumple un papel clave en el reciclaje de materia orgánica del bosque.
- Tamaño muy pequeño: suele obligar a observarla a ras de suelo.
- Colores vivos: del rojo al naranja-amarillo al madurar.
- Esporada blanca.
Hábitat y temporada
Aparece sobre ramitas muertas, restos leñosos finos y hojarasca, especialmente en zonas húmedas: bordes de arroyos, vaguadas, suelos encharcadizos o musgosos y zonas sombrías con vegetación densa. Puede fructificar en primavera, a inicios de verano y de nuevo en otoño, a menudo tras episodios de lluvia.
Cómo encontrarla
- Busca en bosques húmedos (caducifolios o mixtos) y en el sotobosque junto a cursos de agua.
- Revisa acumulaciones de ramillas y detritos leñosos finos; suele salir aislada o en pequeños grupos.
- Una lupa de mano ayuda mucho: es de esas setas que parecen diseñadas para que te arrodilles.
Precauciones y recolección
No se recomienda recolectarla para consumo: por tamaño es insignificante y la identificación de micenas requiere experiencia. Evita mezclar micenas pequeñas con setas comestibles; muchas especies del género son poco estudiadas y algunas contienen compuestos irritantes. Si se recolecta con fines de estudio, hazlo de forma limitada, anotando sustrato, humedad y acompañantes vegetales.
Curiosidades históricas
Fue descrita en el siglo XVIII y más tarde transferida al género Mycena en el siglo XIX. El epíteto acicula alude a una pequeña aguja, un guiño a su aspecto fino y delicado.
Uso en la cocina
No tiene interés culinario y se considera no comestible por su escaso tamaño y consistencia. Su mejor receta es la fotografía macro: cero calorías, máxima alegría visual.